viernes, 7 de febrero de 2014

¿Dónde está Pedro José?, o la agonía del beisbol en Cuba.




Estos han sido días trágicos para los amantes del beisbol cubano, especialmente los “fans” del Villa Clara. Los “naranjas” fueron a la Serie del Caribe, invitados después de más de cinco décadas, generando grandes expectativas en la fanaticada. Yo, que soy un hombre de sangre anaranjada, me he comido las uñas durante las transmisiones y he sentido mi pecho oprimirse al ver a “mis muchachos” lucir como imberbes novatos, temblorosos, desconcertados, como si la grama del estadio les fuera tan ajena como una pista de patinaje.

No pude evitar, tras escuchar que el equipo regresaba a casa y no precisamente “con el escudo”, cerrar los ojos y hurgar en gavetas casi olvidadas de mi memoria, para revivir los momentos de gloria de la “aplanadora naranja” y del beisbol cubano en general.

Me remonté a los ochenta. Me vi sentado junto a mis abuelos, de  noche, escuchando un viejo y arañado radio de bombillos modelo “Howard”. La CMHW transmitía con voz entrecortada por la estática, un juego de pelota del equipo “Las Villas”. 

Estaba en turno Pedro José “Cheito” Rodríguez. Cuanta emoción se percibía en la voz del narrador; su voz viajaba a través de éter y se filtraba por las bocinas agujereadas del viejo radio. Las bases llenas y el “Cheo” parado allí, en el cajón de bateo,…. el estadio temblaba y las paredes de mi casa también por mi nerviosismo y el de mis abuelos…. “…Ahora sí que “Cheo” se la va a botar a Rogelio…”, apostaba mi abuelo, mientras yo hacía cruces con mis dedos para espantar la mala suerte que nos iba a traer tal predicción, mi abuela asentaba con la cabeza, como siempre hacía cuando hablaba “su viejo”... “…. que no se ponche, que no se ponche….”.  Yo bien sabía de lo rapidísimo de la bola de Rogelio García; había oído muchas veces como dominaba a Pedro José con “palomón” a los jardines y podía sentir aún la humedad de los lagrimones de dolor que saltaban a mis ojos en esas ocasiones…. Esta vez era de vida o muerte, “….arriba “Cheo”, arriba “Cheo”,… tú no crees en rectas de humo…”. “Se prepara el lanzador, lanza y… ahí va tremendo batazo, la bola se va elevando, se va elevando y la bola se fue de jonrón,…., adiós lolita de mi vida…”. El estadio hervía de euforia; el “Cheo” había pegado uno de esos batazos  que no caen nunca,… esos que se pegan con una bola bajita y se elevan, se elevan casi besando las estrellas; esos que el comentarista describe mientras se fuma, plácidamente, un cigarro. El placer se hace infinito, interminable…  Pude ver cómo, en mis recuerdos, yo saltaba de alegría y mis abuelitos sonreían con esa sonrisa dulce que tienen los ancianos. Tras ese “palo” la victoria está asegurada, ahora seguro que traemos a Isidro Pérez para cerrar el juego. Isidro “El Bombero de Dobarganes”, como le decían al cerrador, era uno de esos pitcher que lanzaba calabazas para el “home”, pero justo en la esquinita donde más duele…  y dominaba…. La “aplanadora naranja” esta vez se “llevó el gato al agua”… “; Tal vez la próxima le tocará a Pinar del Río.

Pero no era solo Pedro José. Habían muchos otros hombres y nombres: Antonio Muñoz “El gigante del Escambray”, Pedro Jova, Adolfo Borrell, Sixto Hernández, Amado Zamora, Albertico Martínez, Héctor Olivera, Mario Veliz, Roberto Ramos…, esos son solo algunos de los que ahora asoman a mi mente.

Eso era emoción, pasión por el deporte. Esos eran peloteros que dejaban la piel en el terreno, que sabían el ABC de la pelota, pero también la XYZ. Tenían nervios de aceros, tenían técnica, inspiración. Esos  “genios” habían aprendido de maestros como “Natilla” Jiménez. Eran herederos de la estirpe de Martín Dihigo y Alejandro Oms. Llenaron de gloria a las provincias y también a toda Cuba. Ganaron los campeonatos mundiales, las copas intercontinentales, los panamericanos, ganaban todas las competencias. Muchos alegan, ahora, que el éxito se debía a que topaban con imberbes universitarios…. Discrepo, esos peloteros tenían oficio, maña, recursos. Eran capaces de enfrentar a cualquiera y ganar o perder, pero con dignidad.

Lastimosamente muchas de estas glorias del deporte, terminaron olvidados y sin un centavo. Algunos quizás pasaron y pasan sus vidas entrenando en las mañanas, sin muchos recursos, a chicos de algún poblado y tomando ron en las tardes mientras rememoran las victorias pasadas. Algunos tuvieron un poco de más suerte y se fueron de “manager” de las series nacionales, o de entrenadores a otros países. La gran mayoría de aquella generación terminó en el olvido,…. En el más triste y profundo olvido.

Muchos de ellos nunca fueron valorados justamente por los burócratas del deporte y la política; por las sanguijuelas oportunistas que viven del esfuerzo de otros.  El mismo Pedro José, que cuentan rechazó un cheque en blanco para ir a grande ligas, fue luego suspendido casi de por vida, por llevar escondido un puñado de dólares en uno de los viajes que iba a dar con el equipo Cuba. Fueron implacables con “El Cheo”, lo usaron de escarmiento, no importaron sus jonrones que besaron la Luna en las noches cubanas. No importaron los fanáticos que lo adoraban. No importó nada…. Solo la política….

Llegó entonces otra generación, también grande y llena de talentosos deportistas; pero que habían visto el triste destino de sus antecesores. Habían palpado el desagradecimiento oficial. ¿Qué podía esperarse entonces? Sencillamente decidieron que no terminarían igual. Ellos no rechazarían el cheque para ir a jugar a las mayores… Fue la era de “El Duke”, Jorge Luis Toca, Rolando Arrojo, Rene Arocha, Euclides Rojas, “Riquimbili” Betancourt y muchos otros. Algunos triunfaron, otros no tanto, pero igual vivieron la experiencia de medir sus habilidades con los mejores…., probaron sus fuerzas y si no escalaron en la gran carpa, sencillamente se fueron a otros lugares. Todavía eran peloteros con oficio, de esos que batean por detrás del corredor, tocan bola, o dan un “fly de sacrificio”. Así, gota a gota, se fue desangrando el béisbol cubano.

No todos se fueron. Muchas estrellas se quedaron adornando nuestras series, sus razones tendrían. Cierro nuevamente los ojos y puedo ver correr sobre la grama del “Sandino” a: Víctor Mesa, “el pulpo” Acebey, Oscar Machado, Eddy Rojas, Riscart… En otras provincias, más allá de la tierra naranja, estaban Ermidelio, Kindelán, Pacheco, Omar Linares, Pedro Luis Rodríguez, Junco, Romelio, Lázaro Valle, entre muchos otros.

Sin embargo ya no fue igual. En los estadios se dejó de jugar de noche para ahorrar electricidad; los terrenos se deterioraron; las condiciones de vida de los peloteros eran vergonzosas: viajaban en ómnibus destartalados, comían y vivían en albergues u hoteles de baja a mediana categoría, ganaban salarios irrisorios…. Y recibían como limosna la oportunidad de comprar un televisor o un poco de ropa, si lograban quedar entre los 24 que integrarían el equipo Cuba. Como si todo esto fuera poco, un día, los “sabios” de la burocracia beisbolera, los “chupacabras” del deporte, decidieron que las estrellas que quedaban eran demasiado viejos y era hora de su retiro y por “decisión ministerial’ dijeron adiós los últimos rayos luminosos de lo que, alguna vez, fue un astro deslumbrante: el beisbol cubano.  

¿Qué pasó con nuestra herencia beisbolera? ¿Qué se hicieron nuestras estrellas? ¿Cómo es posible que el equipo Cuba, el otrora vencedor de vencedores, se vea disminuido al punto que perdieron cinco de cinco en un tope con peloteros universitarios de Estados Unidos, justo el año pasado? ¿Qué llevó a este “Cuba-Clara” que participó de la serie del Caribe a hacer semejante ridículo?

Yo no soy un especialista, soy simplemente un “fan” del Villa Clara. Pero en estas noches, en las que el dolor de la derrota de mis “naranjas” me ha dejado desvelado, he esbozado mi propia teoría.

La causa de la agonía del beisbol cubano es multifactorial. Estas son las que creo más importantes:

  1. Trabajo deficiente en las edades escolares: Los verdaderos entrenadores que usualmente trabajaban con los chicos a nivel de poblados, municipios, provincia, se han ido a Venezuela u otros países debido a la mejor remuneración que reciben. Los entrenadores de las edades escolares muchas veces son “emergentes” y no tienen los conocimientos ni los recursos necesarios (guantes, pelotas, bates) para trabajar. No se puede enseñar lo que no se sabe, aún cuando se tenga la mayor voluntad y amor del mundo. Los campeonatos municipales, de las categorías infantiles, han desaparecido y las provinciales son un “paripé” en la que un equipo juega, si acaso, cuatro juegos. Lo viví en carne propia pues mi hijo transitó por esas categorías.
  2. La no existencia de verdaderas academias de beisbol: Academias con condiciones materiales, buenos preparadores y donde se puedan pulir las carencias técnicas de los chicos que más se destacan en la adolescencia y juventud temprana.
  3. El éxodo continuo de talentos ante la falta de estimulo material: Todos los grandes talentos que han surgido en los últimos años y que se vislumbraban como líderes y nuevos portadores de la antorcha de la gloria, han emprendido un nuevo rumbo, dígase: Kendry Morales, Dayan Viciedo, Aroldis Chapman, Yasiel Puig, Leonys Martín, Jose Dariel Abreu, entro otros. Estos jóvenes no son condenables por decidir probar suerte en otras tierras, solamente quieren medirse en mejores ligas y asegurar su futuro económico y el de sus familias. Este éxodo será indetenible mientras se mantenga el “status quo”.
  4. La existencia de “sembrados” en el equipo Cuba: Muchos peloteros se saben “sembrados” en el equipo Cuba producto de cuestiones ajenas a su rendimiento. Yulieski Gourriel es uno de los que ha vivido de su ilustre apellido, pero que en la arena internacional no ha mostrado, ni remotamente, la estirpe de su padre; sin embargo es la tercera base regular, a pesar de su mala defensa y de no batear con corredores en circulación. Estos sembrados desmotivan a otros que saben que nunca tendrán oportunidad, no importa cuanto rindan.
  5. La mala selección de los directores de equipo: Nadie que sepa de la pelota cubana puede olvidar o negar la capacidad, conocimiento y carrera exitosa de directores como Eduardo Martín Saura, Pedro Chávez, José Miguel Pineda, Jorge Fuentes, Pedro Jova, entre otros. Directores con gran capacidad para liderar sus equipos e influir en el crecimiento personal y deportivo de sus atletas. No voy nunca a olvidar el año en que Pedro Jova dejó a Rafael Orlando Acebey fuera del VC, por indisciplina. Pocos directores se hubieran atrevido a prescindir de los servicios de uno de las terceras bases más defensivos que ha dado la pelota cubana. Hoy encontramos directores como Víctor Mesa (uno de los mejores peloteros de la historia del beisbol cubano y posiblemente el peor de todos los managers), que humilla públicamente a los peloteros, se comporta de modo grosero con la prensa, es irrespetuoso con el arbitraje, impone sus designios de manera autoritaria, tal que dejó a Ariel Pestano (uno de los mejores receptores de los tantos que ha dado Cuba) fuera del equipo que participó del último Cásico Mundial (a pesar de que Pestano estaba en excelente forma y seguía siendo por mucho el mejor receptor en activo).
  6. Una comisión nacional que ha generado una verdadera “piña”, no rinde cuentas y actúa de modo autoritario: El mando de Higinio Vélez en la CNB ha sido un total fracaso. Designar a Víctor Mesa, un manager que jamás ha ganado un campeonato de cualquier categoría, como manager del Cuba es una muestra de arbitrariedad y “sociolismo”. Las constantes justificaciones acerca de las derrotas, y los continuos “análisis” que no conducen a mejores rendimientos. El recargar siempre la culpa de las derrotas en los jugadores, que como gladiadores antiguos, son lanzados al ruedo a “morir o morir”. Peor que Higinio Vélez, ha sido la designación de Antonio Castro (el hijo de papá) como Vicepresidente de no se sabe cuántas cosas. Su sola presencia en el banco, interfiriendo con sus opiniones en las decisiones de los directores de equipo, es una falta de respeto a la profesionalidad de los directores y pone una presión innecesaria en los jugadores. ¿Por qué no se dedica “Tony” a la medicina? ¿Carecerá de los conocimientos de medicina, como carece de los conocimientos de beisbol?
  7. La pérdida de autoridad de los árbitros: Increíble que un  país que tuvo a un Amado Maestri, a un Alfredo Paz, o en época más cercana a un Nelson Díaz, impartiendo justicia en los diamantes de beisbol, se encuentre abocado a esta crisis de autoridad arbitral. Recuerdo el “out” decretado por Paz, sobre Osmani García, en una jugada de pisa y corre durante una de las tantas finales Industriales – Villa Clara (en la era de Jova). Muchos villaclareños no estuvimos de acuerdo y fue un verdadero torbellino, pero la apreciación fue “out” y la decisión de Alfredo Paz se mantuvo. Hoy las decisiones arbitrales son discutidas todas, jugadores y managers se ven el derecho de increpar a los árbitros. Víctor Mesa (manager de matanzas y del equipo Cuba por designación divina) arroja tierra al rostro de un árbitro y no es sancionado; Lázaro Vargas (manager de Matanzas) increpa al árbitro, es expulsado y lanza ofensas inadmisibles contra el árbitro y su progenitora, además de permanecer en el banco en actitud desafiante, y no es sancionado. Se revocan decisiones arbitrales a través de misteriosas llamadas telefónicas, realizadas desde algún teléfono de la CNB.  Razón tenía Cesar Valdés al retirarse del arbitraje tras la pasada campaña.
  8. La no inserción de peloteros cubanos en las ligas profesionales: Los peloteros cubanos se “cocinan en su propia salsa” durante todo el año. No hay casi peloteros insertados en las ligas profesionales de la región. No es la MLB la única liga profesional (por razones del embargo, ningún pelotero cubano, residente de Cuba, podría recibir un salario de la MLB). Los peloteros podrían insertarse en las ligas del Caribe, la japonesa, la coreana. Esto sería un incentivo para pulir deficiencias técnicas que aparecen incluso en los llamados “sembrados” del Cuba y realizar entrenamientos mas concienzudos, así como para reactualizar el pensamiento técnico – táctico de nuestro beisbol. De algún modo, esta posibilidad detendría en buena medida el éxodo de estrellas.
  9. El no reconocer el derecho de los peloteros cubanos que abandonaron la isla, a jugar bajo su bandera: Es patético ver como peloteros de altísimo nivel quedan vetados sencillamente porque decidieron irse a jugar a otras tierras. Estos peloteros no dejan de ser ciudadanos cubanos y es una injusticia y arbitrariedad que no puedan representar a su país. De igual modo, muchos podrían estar interesados, una vez terminadas sus carreras en la gran carpa, a participar nuevamente de la liga cubana (como hacen cientos de peloteros latinoamericanos); crear academias y compartir los conocimientos que adquirieron en sus incursiones allende fronteras.   
  10. La existencia de una prensa parcializada, falta de objetividad, carente de conocimiento, complaciente y subordinada a la CNB: Es vergonzoso lo que he leído en sitios web cubanos (opiniones de “fans”) acerca del comportamiento y los comentarios rastreros y parcializados de Rodolfo García, Modesto Agüero y Julita Osendi. Comentaristas que se han hecho con el monopolio de los viajes al extranjero para narrar eventos deportivos, a pesar de su demostrada falta de profesionalidad y su sumisión ilimitada a los círculos de poder de la CNB. Comentaristas que han llegado a justificar las indisciplinas de los managers, culpar a terceros de la no clasificación del equipo en la Serie del Caribe, tergiversar verdades, cambiar de opiniones constantemente para mantenerse a favor del “viento que sopla”.   

No quiero extenderme  más; al final yo solo soy un fan, uno de tantos. Uno de esos seres anónimos que buscan en la internet, desde fuera de nuestra isla, vías para mantenernos en contacto con el acontecer beisbolero; para mantener vivas las raíces cubanas; para mantener en los hijos el orgullo por nuestra nación y sus gentes.  Soy sencillamente un cubano más, uno de esos que tiene sus venas llenas de “sangre naranja”. No me escuchen a mí, escuchen a todo un pueblo que pide cambios, renovación, esperanza.

El beisbol cubano es un enfermo que agoniza. Por favor, démosle su medicina. No permitamos que fallezca.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Los cubanos no somos malagradecidos.




Un diario local de Miami publicó, hace un tiempo, un artículo que me produjo una sensación de mucha pena. Mucha pena por la autora y por algunos lectores que comentaron apoyando sus postulados.

Todos hemos venido a los Estados Unidos de América buscando una mejoría económica y también derechos que nos son negados en nuestros países, por el ejemplo los derechos de libre pensamiento y expresión. Reconozco el derecho de la columnista a expresar su opinión y sentir personal, pero igual deseo poder expresar mi propio punto de vista y de ese modo un poco vindicar a muchísimos cubanos, de Cuba y de la diáspora, que han sido etiquetados con adjetivos que creo injustos. El artículo en cuestión se titula: “Malagradecidos”.

En este se pinta a un pueblo cubano colmado de “parásitos”, gente sin moral ni sentimientos. Nos describe como personas movidas únicamente por la ambición material desmedida. Jóvenes dispuestos a vender su alma al diablo con tal de obtener la deseada “pacotilla” con etiqueta “Made in USA”. Nos presenta a un cubano que ve a su familia en el extranjero como manantial inagotable de dólares, en el que pueden saciar su sed de consumo.

No pongo en duda que hay mucha gente así en Cuba, también los hay aquí en Miami o en cualquier otro lugar del mundo. No discuto que la familia de la columnista siga ese patrón de comportamiento tan reprobable. Lo que no considero correcto, lo que considero un grave error, una gran injusticia, incluso una inmadurez total, es la generalización. No existen solo el negro y el blanco, hay todo un espectro de colores y de ellos nace el negro y nace el blanco. No existen solo gente desagradecida y despiadada allá, y gente amorosa y solo comparable a Madre Teresa de Calcuta del lado de acá del estrecho.

La autora debió usar un título más particular, más preciso, menos general. Pudo usar por ejemplo: “Mi familia de Cuba es malagradecida”.

A mi propia familia le tocó estar en ambas posiciones; de ambos lados del estrecho. Durante diez largos años mi esposa y yo asistimos a la partida de casi todos nuestros familiares. Padres, abuelos, hermanos de ambos, se fueron marchando y nosotros nos fuimos quedando, cada vez, un poco más solos. A nuestro alrededor se quedaron buenos amigos, primos, excelentes vecinos y ellos nos ayudaron a sobreponernos a la soledad.

En todos esos años no nos dedicábamos a explotar a nuestros familiares en Estados Unidos, no nos dedicábamos a ver telenovelas color rosa e irreales, o a ver los gastados shows de televisión que presentan los canales hispanos de acá. No pedimos relojes caros o teléfonos celulares.

Ese tiempo lo aprovechamos en trabajar y estudiar, en ver crecer y educar a nuestros hijos. Nuestra meta era vivir intensamente cada día y prepararnos para ser más competitivos, por si un día teníamos la oportunidad de reunirnos todos del lado norte del estrecho.

Trabajamos ambos como educadores; mi esposa, moldeando el carácter y brindando muchísimo cariño a niños de enseñanza primaria (incluidos nuestros dos hijos); en mi caso, formando profesionales de la ingeniería mecánica en la Universidad Central de Las Villas. Nunca pertenecimos al partido comunista, nunca tuvimos que “chivatear” a persona alguna para vivir y trabajar (mito muy extendido entre algunos emigrados cubanos). Nos ganamos el respeto solo a través de nuestro esfuerzo personal y profesionalidad.

Por supuesto que recibimos ayuda de la familia en Estados Unidos, pero no fueron lujos o cosas superfluas. Nos enviaron lo que quisieron, lo que pudieron. Realmente fueron todos muy dadivosos, pero nació exclusivamente de sus corazones.

Cuando pedimos algo fue alguna medicina para nosotros o para algún amigo y también algún capricho de los niños, que ellos les mandaron gustosos cuando pudieron o quisieron.

Un día nos tocó cruzar el estrecho y quedaron atrás nuestros amigos, vecinos y algunos familiares. Por estos cuatro años, hemos mantenido la comunicación con ellos. No podemos olvidar que compartieron nuestras penurias del alma y nos confortaron en el dolor de la separación.

Acá vivimos de nuestro trabajo. Somos relativamente pobres, pero no nos olvidamos ni un solo día de los que quedaron atrás. Con todo el amor del mundo les enviamos, cuando es posible, útiles escolares a los niños, unas medias, alguna mochila o un par de zapatos al que lo necesite. Cuando es posible separamos cien dólares y los mandamos para que los repartan entre ellos y aliviar, por un día, la penuria económica en que viven. Es, más que otra cosa, una muestra de afecto de nuestra parte y en nada compensa el afecto  y apoyo desinteresado que nos ofrecieron años atrás.

Pero mi esposa y yo no somos excepcionales, al contrario somos seres comunes, como millones más de cubanos que trabajan cada día en cualquier parte del mundo y que llevan en el alma el amor por la isla y su gente.

Nuestra gente en Cuba no se ajusta en nada a la descripción de la columnista en su artículo “Malagradecidos”. Allá quedo, por ejemplo, una excelente amiga,  enfermera, que cría a sus dos hijas con mucho esfuerzo y que es capaz de levantarse en la madrugada a inyectar a una anciana postrada en cama sin aceptar nada a cambio. Allá esta mi primo, un excelente pediatra que cuando termina de consultar y dar clases, sale en su carro a buscar dinero extra para mantener a su familia. En Cuba vive un vecino que lo único que pidió en años fue, que por favor, le mandaran unos anzuelitos y pita para pescar, en el rio, el pescado que comería en las tardes.

Allá tuve la oportunidad de conocer a cientos de estudiantes, durante catorce años como profesor universitario; muchachos que estudiaban duro y soñaban con un día graduarse y vivir mejor. Esos muchachos no veían telenovelas y no usaban relojes caros. Cuando podían “inventar” algo (los cubanos entendemos bien el significado de ese termino) era para pagarse la vida en la universidad y sus gastos personales sin afectar demasiado a sus familias. Muchachos que posiblemente anden por acá, trabajando duro, o que hayan quedado en Cuba para siempre, soñando con que los tiempos cambien y el viento sople a su favor alguna vez en la vida.

Creo que parte importante de la culpa de estos “parásitos” engendrados en algunos senos familiares, lo tienen la gente de acá. Culpa por no hablar caro, por no decir lo duro que hay que trabajar, lo difícil que es ganar el dinero, la cantidad de cuentas a pagar cada mes. La culpa es de los que se dedican a visitar la isla alardeando de su vida acomodada en “el norte”, cuando en realidad “se comen un cable” todo el año y los viajes los hacen a “golpes” de tarjetas de crédito.

Quiero que se entienda que no niego la veracidad de lo que escribe la columnista. No dudo que sus familiares sean tal como los describe. Su pecado esta en generalizar. En meter a todos en la misma bolsa. Al referirse a “los cubanos”, sugiere que es todo el pueblo; que son todos los jóvenes los que adoptan esa actitud parasitaria (al menos fue lo que sentí al leer el articulo y luego ver una presentación suya en un canal televisivo local).

Reafirmo entonces que catalogar de “parásitos” a nuestro pueblo, que sufre penurias cada día, es sencillamente cruel a injusto.

 

 

Matemática, ¿enemiga o aliada?




Los profesores de matemática escuchamos, frecuentemente, frases tales como: “… profesor, yo odio las matemáticas….”, “…las matemáticas y yo no somos muy buenos amigos….”, “… siempre tuve problemas con las clases de matemáticas…” o la más terrible de todas: “… ¿para qué necesito la matemática…?..”.
Todas estas frases muestran un problema mucho más profundo que el simple rechazo de un grupo de estudiantes a una materia determinada: Nuestros hijos reciben clases de matemáticas durante toda su vida escolar, pero la mayoría no logra percibir la relación y el papel de esta ciencia en su actividad diaria, más allá de su oficio o profesión. 
¿Cuál es la causa? ¿Será incapacidad de los profesores que nos precedieron? ¿Estará el motivo en los libros de texto? ¿Serán deficiencias en la concepción de los programas de estudio? Yo no pretendo responder estas interrogantes, pues no tengo elementos de juicio que me permitan arribar a una respuesta justa y objetiva. Invito a los estudiosos de la pedagogía a que desentrañen la razón oculta de este rechazo, hacia una ciencia esencial para el desarrollo científico - tecnológico y para el crecimiento personal.
En mi opinión, la función de un profesor de matemáticas va más allá de transmitir un conocimiento que algunos sienten como indigerible y aburrido; el profesor es responsable de encontrar herramientas motivacionales para convertir a esta ciencia en una materia interesante, para descubrir la belleza oculta tras los números y símbolos, es el encargado de guiar al joven en el desarrollo de su pensamiento lógico y  analítico.  Tenemos que sentir la necesidad de orientar a nuestros estudiantes tal que uno de estos días, desenfadadamente, se nos acerquen digan: “… Profesor, la matemática es realmente importante en mi vida….”.
A través de este artículo quiero exponer algunos ejemplos muy simples, pero de la vida diaria, que nos muestran la importancia de las matemáticas.
Comencemos con los problemas relacionados al cálculo de porcientos:
Pensemos en el siguiente escenario: Este fin de semana nos vamos a ir de compras. Necesitamos unas camisas, pantalones y un par de zapatos. Hemos recibido en casa algunos de estos cupones de descuento que suelen llegar a través del correo. Uno de los cupones es un “20% off” en una compra de más de $50.00 y el otro es de “$15.00 off” en una compra de igual magnitud. Supongamos que al comprar las cosas necesarias el monto total a pagar es $68.56. La pregunta es ¿Qué cupón de descuento usar para ahorrar más dinero? La siguiente tabla ilustra el análisis que debemos hacer:

Total a pagar

Cupón usado

Cantidad que se ahorra

Cantidad a pagar

$68.56

$15.00 off

$15.00

$68.56 – $15.00 = $53.56

 

$68.56

 

20% off

20% de $68.56 se calcula como: 0.2($68.56) = $13.71

 

$68.56 – $13.71 = $54.85
Como se aprecia en la tabla anterior, en este escenario pagamos menos usando el cupón de $15 off (podemos ahorrar $1.29 respecto al cupón de 20% off).
¿Qué pasaría si el importe de nuestra compra fuera de $137.58?

Total a pagar

Cupón usado

Cantidad que se ahorra

Cantidad a pagar

$137.58

$15.00 off

$15.00

$137.58 - $15.00 = $122.58

 

$137.58

 

20% off

20% de $137.58 se calcula como: 0.2($137.58) = $ 27.52

 

$137.58 - $27.52 = $110.06
En este caso emplear el cupón de 20% off nos ahorrará muchos más dinero ($12.52 respecto al cupón de $15.00 off). La explicación de este resultado radica en que mientras mayor es el costo de nuestra compra, más dinero (descuento) representa el cupón de 20% off, mientras que el otro cupón es un descuento fijo de $15.00.
Veamos un segundo ejemplo, también relacionado al trabajo con porcientos:
Como parte de una inversión, hemos comprado acciones de una compañía “X” que cotiza en la bolsa de valores. Supongamos que compramos acciones con un valor de $120.00 por acción. Por determinadas razones del mercado el valor de nuestras acciones disminuye un 20%, pero no vendemos, las mantenemos esperando un repunte y este sucede, tal que tras un tiempo el valor se eleva en un 22%. La pregunta es: ¿Tenemos ahora acciones con mayor, igual o menor valor que al momento de la compra?
Muchos podrían pensar que al ser el incremento de un 22 % (mayor que el 20 % de reducción) tendrían más valor nuestras acciones. ¿Será esto verdadero?
 La tabla que mostramos a continuación, nos muestra el análisis a realizar:

Valor inicial de la acción

Valor de la acción tras la disminución del 20% de su valor

Valor de la acción tras el aumento del 22% de su valor

 

$120.00

El 20% de $120.00 se calcula:

0.2($120.00) = $24.00

Valor tras la disminución:

$120.00 – $24.00 = $96.00

El 22% de $96.00 se calcula:

0.22($96.00) = $21.12

Valor tras el aumento:

$96.00 + $21.12 = $117.12
 Como bien se puede apreciar, a pesar de que porcentualmente el incremento de valor fue mayor que la pérdida, el valor final de nuestras acciones es menor ($2.88 menos por cada acción). Esto se debe a que para calcular el valor de la acción tras la subida en el 22 %, debemos usar el valor de la acción tras la caída del 20% (que es de $96.00 en vez de $120.00).
Pretendemos continuar publicando, periódicamente, muchos más ejemplos del impacto de las matemáticas en nuestra vida diaria (intereses que pagamos por préstamos recibidos, uso de la estadística para predecir la probabilidad de ocurrencia de un evento, maximizar o minimizar determinadas magnitudes, etc.); de modo que padres y maestros, trabajando de modo coordinado, logremos motivar a nuestros hijos e incentivar en ellos el gusto por una ciencia que no envejece y que va a definir a la larga nuestra posición como potencia científica y tecnológica.
 
Nota: Este artículo fue publicado por mi (inédito) en la Edición # 28, del mes de Marzo, de la revista "Toys for Kids", Miami.



¿Es la reforma migratoria una amnistía?




Cuando Poncio Pilatos liberó a Barrabás y eligió crucificar a Jesucristo, quizás se concedía la primera amnistía de nuestra era y un presunto asesino era perdonado por el delito cometido. Más cerca en el tiempo, a mediados de la década del 80 del siglo XX, el Presidente argentino Raúl Alfonsín amnistiaba a violadores de los derechos humanos durante la dictadura militar, a través de las leyes de "Punto final" y "Obediencia debida"; una vez más eran eximidos de responsabilidad por sus delitos presuntos culpables.

Según el  Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra amnistía significa: Olvido legal de delitos, que extingue la responsabilidad de sus autores.

Durante el mandato del Presidente Obama, los Estados Unidos se han visto sacudidos por muchas controversias. El debate acerca de la “Ley de Salud Asequible”, los continuos obstáculos congresionales a sus propuestas y nombramientos, entre otras…, pero nada ha sido tan polémico como la “Ley de Reforma Migratoria”.

Muchos economistas estiman en un trillón de dólares en 10 años, lo que se puede generar a partir de la legalización de las personas actualmente indocumentadas (por conceptos de impuestos, multas, seguros, etc.). Inobjetablemente, saber el nombre y los datos de las personas que habitan en el país, hace más efectiva la actividad de las autoridades policiales para detectar y detener presuntos criminales, por tanto la reforma migratoria redundaría en más seguridad ciudadana. Esta ley necesariamente implicaría un mercado laboral más justo para todos, pues los empleadores se verían obligados a pagar al menos el salario mínimo  (personalmente conozco personas indocumentadas, con las que trabajé en mi primer año de vida en USA, que trabajan de manera semi-esclava por menos de 4 o 5 dólares la hora) y los nuevos trabajadores, recién documentados, tendrían derecho a solicitar aumentos sin el temor a ser denunciados a la “migra” como represalia de sus patrones. Estas ideas que personalmente comparto, son apoyadas y comprendidas por un gran sector de personas a todo lo largo de los E.U. El apoyo a la reforma migratoria, sin embargo le ha ganado a este sector, del que me siento parte, los calificativos de: liberales, extremos izquierdistas, antiamericanos, usurpadores de valores tradicionales, etc.

Del otro lado, los que satanizan la reforma migratoria. Los que consideran que E. U debe ser salvada de esta nueva invasión silenciosa, que va camino de cambiar el idioma, las costumbres, el balance (o desbalance) mayoría – minoría. Este sector “etiquetado” como ultraconservador, retrógrado, derechista, etc., alega que aprobar la reforma será amnistiar a delincuentes, a violadores de la ley americana, que será un incentivo a que sigan llegando. Paradojas del destino: muchos de estos críticos acérrimos de la ley migratoria, han sido catalogados como consuetudinarios empleadores de personas indocumentadas para que realicen labores domésticas a bajo costo (por supuesto, sé que necesariamente habrá excepciones).

La pregunta es: ¿Será realmente una amnistía legalizar a estos trabajadores y sus hijos?

Comencemos por los más jóvenes, los llamados “dreamers”, que se han beneficiado de una orden ejecutiva del presidente Obama (muy criticada en su momento y considerada como maniobra electoral):

¿Acaso estos estudiantes indocumentados, jóvenes que claman su derecho a ejercer su profesión libremente y contribuir con el desarrollo del país que los ha visto y ayudado a crecer, han cometido un delito tal que deben ser amnistiados?

Es irrespetuoso a la inteligencia e hipócrita, pretender que estos jóvenes sean culpables de que sus padres los hayan traído hasta este país siendo niños. Es una manipulación burda, una conclusión digna de un habitante de “Macondo”, considerar que se puede amnistiar sin que haya delito; que se pueda amnistiar a aquellos cuyo único propósito ha sido estudiar e insertarse en esta sociedad, asimilando idioma y costumbres; chicos que muchas veces no hablan la lengua de sus padres (o al menos no lo prefieren) y que frecuentemente, en el Army, con los Marines, etc., dan lecciones de valor y amor a la patria adoptiva. Es ridículo y patético negarles la legalización a esos muchachos. Más me indigna, cuando los que rechazan la reforma son inmigrantes, como ellos, que tuvieron un poco de suerte (o dinero) y pudieron entrar legalmente, que reciben beneficios y que probablemente muchos tienen menos sentido de pertenencia, que los “dreamers”, hacia la bandera de las barras y las estrellas.

La otra pregunta de orden es: ¿Son culpables los padres de estos chicos? ¿Recibirían una amnistía?

Definitivamente los padres de estos chicos cometieron un delito al cruzar la frontera (suponiendo que no entraron con visa de turista, de trabajo o de estudiante), el mismo delito que cometemos los cubanos que entramos por mar (y que tristemente muchos están contra la reforma): entrar a un país sin los permisos (dígase visa) de las autoridades migratorias.

¿Pero qué ha sucedido después, tras la llegada? Han buscado trabajo y formado una familia; han criado a sus hijos desde las sombras y aprendido el idioma; pagan impuestos sobre la compra de productos y muchos han pagado impuestos federales, incluso sin derecho a retribución alguna; han llegado hasta a crear pequeños negocios y generar con ello nuevos empleos.

Cuando releo el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, veo que se amnistía cuando: “se extingue la responsabilidad…” Lo que propone la Ley de Reforma Migratoria no es extinguir la responsabilidad, estas personas antes de aspirar a legalizar su status deben pagar multas por la violación de la frontera, deben pagar los impuestos adeudados, deben mostrar un comportamiento intachable…, entonces no es “borrón y cuenta nueva”, al contrario, es un largo camino para expiar las posibles culpas y empezar una nueva vida.

Este es un país construido por inmigrantes. Acá los verdaderos nativos no son blancos, rubios y de ojos azules. Esta es una sociedad que se ha formado en un crisol que, por siglos, ha fundido culturas, costumbres, idiomas y arroja, día a día, como producto al ciudadano que conocemos hoy. ¿Por qué decir entonces que legalizar, o mejor, dar documentos a estas personas es violar los principios que llevaron a la formación y crecimiento de este país? La principal razón es la manipulación de la verdad, debido al miedo en un cambio radical en la correlación de fuerzas de la política nacional. La otra razón que se me ocurre es el desconocimiento del modo en que han de subsistir estas familias, con el temor permanente a la separación, con la “Espada de Damocles” de la deportación siempre pendiente de sus pechos.

Apoyo la Reforma Migratoria y creo que debemos honrar el derecho de estas personas a salir de las sombras, a mostrarse públicamente y a través de su trabajo honrado afianzarse en la tierra en la que han formado sus familias y visto crecer a sus hijos.

No tengo la verdad absoluta, pero: ¿Alguien, excepto Dios mismo, la tiene?

 

Cuba: Retomando reflexiones antiguas, que desgraciadamente no pasan de moda.


Han pasado alrededor de cuatro años, justo cuando acaba de llegar a los Estados Unidos proveniente de mi Cuba querida, publiqué en el sitio web kaosenlared.net un par de artículos bajo el seudónimo de Domingo Maximino Morales (el nombre completo de mi abuelo materno). Usé un seudónimo pues sentía un poco de temor a la reacción de algunos amigos, que yo sabía eran lectores del sitio y que posiblemente discreparían de algunas ideas.

Hoy estoy seguro que discrepar es bueno y confío que mis amigos, si alguna vez leen estas opiniones, entenderán que no me mueve la mala fe, solo el deseo de tener una patria mejor para todos.

Publico nuevamente estos artículos, ahora en mi blog, pues tristemente la realidad cubana no ha cambiado mucho en estos 4 años.

 

Cuba, mi hora de discrepar.

Publicado: 11 de febrero de 2010. 3667 lecturas y 86 comentarios.

Mientras leía lo publicado por Roberto del Valle y otros artículos en este u otros medios, sentí que por mucho tiempo políticos, escritores e ideólogos de todo tipo han achacado la situación actual de Cuba a la falta de sacrificio del pueblo. Rotunda ignorancia o malsana intención.

Se bien que muchas veces hemos sido vindicado por otros que discrepan de esta teoría, pero siento la necesidad de exponer personalmente mis propios puntos a favor de la vindicación del pueblo del Cuba.

Desde el año 59 a la fecha, el pueblo cubano trabajó y participó, entusiastamente, en aras de metas realizables y otras bien descabelladas; pensemos por ejemplo en el hito de la llamada "Zafra de los 10 millones".

De niño, a lo largo de las décadas del 70 y el 80, pude ver a mi propio padre, técnico azucarero, trabajar 14 y 16 horas diarias en tiempo de zafra, sin recibir estimulo monetario especial (por su condición de técnico) o premio alguno. Sus compañeros de trabajo, obreros, residentes de los bateyes de varios centrales villaclareños, se entregaban en la zafra y reparaciones a trabajar bajo enorme presión, para que la maquinaria estuviera lista para moler o para que el tiempo de roturas fuera bajo.

Me ha contado mi padre, que estos obreros y él mismo, consumían alcohol y fumaban despiadadamente durante la roturas, para de algún modo mantener un estado de hiperactividad y de vigilia por largos períodos de tiempo. Por supuesto que consumir alcohol en una industria en la que hay piezas de gran masa en movimiento y presiones de vapor, es una de las violaciones más serias a la seguridad del trabajo que se puedan ocurrir.

Estos mismos obreros azucareros, garantizaban la siembra y limpia de caña, junto a los obreros agrícolas cañeros. Yo mismo, estudiante de secundaria (entre 11 y 14 años de edad), recuerdo haber pasado mis tres escuelas al campo despajando y sembrando caña, cumpliendo una norma y con cero "majaseo" exigido por los profesores.

En la década del 90 llegó el terrible periodo especial y una vez más el pueblo cubano se amoldó obediente y sacrificado a la nueva condición y fue así como los habitantes del campo vimos desaparecer el 100 % de los ómnibus y taxis; buscamos el llamado "maguey" que crecía silvestre en las lomas, para exprimirlo y lavar; nos erigimos en químicos caseros para elaborar jabones a través de las más locas formulaciones y empleando las más variadas sustancias químicas. Comenzamos a pescar y labrar hasta las más pequeñas parcelas de tierra, emulando a nuestros Tainos y Siboneyes. Recuerdo haber ayudado a mi papá a sembrar arroz a coa y regarlo casi a cubos de agua, para al final ver que las espigas eran vanas (sin granos). Recuerdo haber ido a pescar hasta 3 veces en un día, primero para mi casa y luego para otros vecinos que me pedían ayuda y mis avíos de pesca; no olvido haber comido por semanas arroz o plátano burro hervido y pescado (carpitas y tilapitas diminutas) aderezadas en salsa de tomate, hecha en casa.

En este mismo tiempo y a la par de todo esto, estudiábamos en la universidad y sin quejarnos íbamos al comedor a almorzar y comer un caldo de arroz, col y agua con azúcar. Así estudié ingeniería mecánica y llegaba junto a mis amigos a las 3 de la madrugada, hambrientos pero trabajando en nuestros proyectos de curso. Igual nuestros profesores, flacos y sudorosos se trasladaban en bicicletas desde la ciudad de Santa Clara hasta la UCLV, más de 7 u 8 Km en la ida y nuevamente en la vuelta.

En las prácticas en la industria pudimos ver obreros de Planta Mecánica de Santa Clara, Fábrica de Calderas y Ferro-talleres de Sagua La Grande, trabajar casi descalzos, con los overoles rotos, pero parados frente a sus maquinas herramientas, tratando de producir rápido y bueno para cumplir los primeros proyectos, que estas industrias habían firmado con países de Latinoamérica (ejemplo, la fabricación de esclusas para el canal de Panamá), en busca de dólares para mantener la economía nacional.

Era también la época de los famosos contingentes en la agricultura y los miembros de estos eran los mismos obreros de la industria que habían sido declarados excedentes en sus puestos u otros que, aunque seguían siendo necesarios, debían ir para probar su fidelidad y su incondicionalidad. Estos contingentes movilizaron a decenas de miles de obreros cubanos, que sin ser agricultores guataquearon plátanos, cortaron caña, aprendieron a guiar una yunta de bueyes y otras cosas más.

En este tiempo los cubanos de a pie perdieron, todos, 40 o 50 libras de su peso original. Mi papa parecía un enfermo de cáncer y parte de su pelo empezó a caer por el “stress”. Curiosa y paradójicamente nuestros dirigentes de todos los niveles (incluido los directores de las empresas) mantuvieron sus abultados abdómenes y aparecían en el noticiero de televisión, en medio del campo y rodeados de trabajadores sucios y sudados, con ropa de salir y agenda en mano. Ellos tampoco perdieron sus jeep y sus autos Ladas.

En el 94, graduado de ingeniero, comencé a trabajar en un central y almorzábamos en el comedor obrero y a veces nos daban arroz con el pellejo de afuera de los chicharrones de puerco y todos en broma decíamos que los puercos del autoconsumo eran de pellejo y hueso, pues nunca nadie pudo descubrir que destino tomaban las empellas y las masas.

La segunda mitad de la década del 90 siguió siendo bien dura, trabajaba ya en la ciudad de Santa Clara (tras salir del central) y diariamente viajábamos en botella (casi que teníamos una asociación de botelleros) bajo agua, frio, sol ardiente o cualquier condición. Muchas veces nos pagábamos los 40 centavos del pasaje unos a otros por tener el bolsillo vacio.

En esa época, trabajando ya en la docencia, fui con mis estudiantes a recoger café a las lomas del Escambray, desayunando solo un vaso de borra y trabajando todo el día. Fue la época de las BET (Brigadas Estudiantiles de Trabajo), que pueden ser criticadas por su productividad, pero a la que se sumaban todos los estudiantes de pre y universitarios (y pobre del que no fuera); la época de jornadas productivas a medio semestre y de recogidas de papas y escuelas cerradas para este fin.

Con la llegad del nuevo milenio comenzó el declive anunciado de la industria azucarera cubana. ¿Fueron los trabajadores cubanos los responsables de este declive? Para mí la respuesta es no. Los responsables estuvieron en la más alta dirección del país, dígase Nelson Torres, Ulises Rosales o quizás los que nadie nombra nunca como responsables de lo malo: Fidel y Raúl Castro. Fueron responsables al no ver que la industria había que diversificarla en vez de abandonarla a su suerte, que el camino de la diversificación (producción de energía renovable a partir del bagazo y la paja, alcohol, papel, cartón, alimento animal, etc.) era el camino seguido por otros gigantes azucareros como Brasil. Ellos fueron los ciegos, a los obreros nadie les pregunto si querían que desarmaran sus ingenios y los vendieran como chatarra. A los obreros nadie les consulto si era bueno o malo descapitalizar la primera industria cubana. Curiosamente, Fidel Castro responsabilizó una vez de la crisis de la industria azucarera a los obreros azucareros, a los mismos que habían entregado sus vidas al pie de los molinos o de los hornos de bagazo, una vez más la cadena se rompió por el eslabón más débil.

Estos años del nuevo milenio representaron una aparente apertura. En el sector de los profesores universitarios, pudimos vender nuestro conocimiento en el extranjero; pero nadie se engañe, el 75 % del pago obtenido por los servicios fuera de nuestras fronteras iban, al regresar a Cuba, a manos de las autoridades estatales y el profesor solo recibía el 25 %. La Universidad de las Villas llego a ganar por estos conceptos casi 1 millón de dólares, frescos, en un año. Sin embargo un día, alguien pensó que los profesores podían enriquecerse y a pesar de que se estableció partir la tajada 50/50, los obstáculos a las salidas se hicieron tan grandes que era casi imposible “ligar” un viaje de “Profesor Invitado”. Nuevamente la burocracia estatal corto una fuente de entrada de dinero fresco y una vía para mejorar el nivel de vida de sus trabajadores. Paradójicamente, tras la defenestración de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, nos enteramos todos que la esposa de Otto Rivero, que fungía como directora de relaciones internacionales del MES, había viajado a España a comprar "pacotilla" y averiguar si su querido esposo era bien visto o no entre los españoles. ¿Sería que Otto Rivero pensaba que los españoles podrían nombrarlo gobernador de Cuba, a la usanza de Don Diego Velásquez?

Por más de 20 años de mi vida he escuchado que hay que apretarse el cinturón, que estamos mal porque la gente no trabaja y que el estado paternalista nos regala una cuota mensual de alimentos, una olla eléctrica, o salud y educación (recordemos recientemente a Ramiro Valdés hablando de acabar con el “estado paternalista”). Mi pregunta es: ¿Quién les dijo que me regalaban nada?

Si se pueden pagar los costos de la educación o la salud es porque el pueblo trabaja, produce y genera riqueza para que así sea. El estado solo administra y debe distribuir la riqueza, pero por si solo sus estructuras de gobierno no son más que parásitos que viven a expensas de la producción del pueblo (perdonen los filósofos mi concepto de guajiro y mecánico). Somos nosotros los que le pagábamos a un Alarcón para que viajara por el mundo y congestionara el tráfico aéreo (ridícula explicación que este supuesto avezado político dio a Eliecer Ávila, en la UCI, acerca de las razones que no permitían a los cubanos viajar fuera de las fronteras de la isla). Somos nosotros los que mantenemos de almuerzo, gasolina para los carros, computadoras y viáticos para viajar y congestionar los cielos a los funcionarios del MINREX y los otros ministerios. Somos nosotros los ofendidos al saber que nuestros dirigentes (al descubierto Carlos Lage y “Felipito” Perez Roque, pero muchos otros ocultos aún) toman Whisky en fincas y comen masas de cerdo jugando domino, mientras en los solares de la Habana Vieja o en los bateyes del interior se toma “azuquín” o ron adulterado por un vendedor inescrupuloso.

No son los trabajadores los culpables de los problemas de Cuba, pues los trabajadores tuvimos el civismo de decir lo que pensábamos, las cosas que nos inquietaban y los cambiamos que deseábamos. Los culpables son los que no tuvieron el mismo civismo, el valor de publicar un balance de estos pedidos, o de tomar medidas para llevar a cabo los cambios.

Los culpables de la pobreza, de la desmotivación, de la emigración, de la desesperanza, del alcoholismo, de las jineteras, de la delincuencia, del quiebre de las industrias, de la malversación y el robo, de la falta de productividad, son los que no han hecho nada, desde el poder, por resolver estos problemas, por cambiar cosas; los que alargan los plazos, los que dicen que hay que ser cuidadosos porque no podemos arriesgar ¿Arriesgar qué? Sus carros, sus viajes, sus vacaciones, sus prebendas, sus hijos estudiando maestrías y doctorados en Europa o Brasil, sus médicos europeos despreciando a los capaces y esforzados médicos cubanos.

Cuando oigo que alguien mandar a apretarse el cinturón al pueblo o pedirle más esfuerzo, siento deseos de hacerle comer el picadillo bautizado como: "Pancho el Bravo", que nos daban en la universidad, lleno de partes animales extrañas y que algunos bromistas decían que tenia uranio empobrecido o que era anticonceptivo; siento deseos de hacerle montar por años en los camiones en los que he viajado, hasta que en su columna aparezcan las dos hernias discales que padecí en Cuba y que el ortopédico no me pudo infiltrar porque no tenía el esteroide necesario; de hacerles padecer de un apagón en agosto, con mosquitos, con calor y sentir que sus hijos pequeños gritan molestos, como los míos lo han hecho. Quisiera llevarlo a la playa-fanguero en la que pasaba mis vacaciones, picado de jejenes y cargando hasta el agua de bañarse con un cubo.

Es inmoral culpar al pueblo, es injusto hacerlo responsable de las carencias económicas, es una desvergüenza decir que los cubanos no han trabajado o son rateros, que están en el trabajo velando la oportunidad de llevarse cualquier cosa. Los reto a todos, dirigentes de pacotilla, usurpadores de libertades, a vivir como hemos vivido y trabajar como hemos trabajado.

¿Apretarse el cinturón….? que lo hagan los dirigentes cubanos de todos los niveles, si que sus abultadas barrigas los dejan.......

 

 

 

 

Cuba: Mi hora de discrepar (2). Algunas vivencias personales sobre la educación cubana.

Publicado: Publicado: 12 de febrero de 2010. 3401 lecturas y 84 comentarios.

Ante todo, no pretendo hacer una telenovela acerca de mis vivencias personales de la realidad cubana. Tampoco es mi intención negar las vivencias diferentes que otros cubanos puedan tener: se bien que hay quien la ha pasado mejor, y otros que la han pasado peor. No quiero ni puedo negar el derecho a opinar, a no cubanos, desconocedores de nuestra realidad, aunque por un problema de civismo debían ser respetuosos en sus comentarios. Solo pretendo exponer algunos puntos sobre el sistema educación, que para no extenderme demasiado, solo toque someramente o ni siquiera aludí en el artículo previo.

Uno de los temas más sensibles en la población cubana es el referido a la educación. En mis comentarios anteriores mencioné la campaña de alfabetización, como una de las grandes hazañas del proceso iniciado en 1959. A lo largo de mi vida tuve la oportunidad de tener maestros que participaron de esta y que quedaron marcados, para siempre, por la emoción de escuchar a una persona mayor pronunciar, por primera vez, las palabras volcadas en un libro. Pero del 1961 a la fecha ha llovido mucho y cosas buenas y malas pasaron con la educación cubana. El haber trabajado durante 15 años de mi vida vinculado a la Educación Superior me da, como a muchos, una perspectiva personal de este ministerio.

Siendo estudiante en la Universidad de Las Villas, en la primera parte de los 90, el rector era el mismísimo Luis Ignacio Gómez (posteriormente Ministro de Educación y a quien a raíz de su defenestración apodamos, entre amigos, como “El Ministro Viajero” y que nos disculpe Juan Pablo II). Cuentan viejos profesores, que luego fueron mis compañeros, que entre el legado de Luis Ignacio en las Villas se cuentan hechos tales como: reducir la plantilla de trabajadores, a expensas del personal de servicio de la universidad.

Quienes estudiaron en las Villas saben que esta universidad, tiene uno de los campus más hermosos de las universidades cubanas. Arboles maderables y amplias extensiones de áreas verdes rodean a los edificios del proyecto original, dándole lo que hoy podríamos llamar como un toque de armonía con el ambiente natural. Pues bien, al reducirse la plantilla de trabajadores de servicio y pretender que los estudiantes mantuvieran limpias estas áreas, la hierba y la suciedad no se hicieron esperar (a pesar de la lucha que asiduamente estudiantes y trabajadores mantienen contra ellos, hasta el día de hoy).

Igual sufrió el mantenimiento de la beca universitaria o los llamados albergues (electricidad, carpintería, plomería, etc.), lo que llevo a una situación de deterioro en la que las heces fecales y el agua jabonosa se ligaban en los pisos de los baños; acrecentado este desastre al desaparecer parte de las llamadas “tías” o una especie de auxiliares educativas que velaban por el orden y la limpieza. Hoy esas instalaciones de beca han requerido de presupuestos casi millonarios para malamente ser remendadas. Luis Ignacio también se encargo de destrozar el transporte universitario, tras la venta de parte considerable del parque de ómnibus (mayormente Girón VI) pertenecientes a la UCLV, lo que dañó hasta nuestros días la capacidad de transportación de la institución.

Otro detalle que hizo famoso a Luis Ignacio Gómez, según me contaban los más viejos, fue su autoritarismo y arbitrariedad, al punto de tener el record de más intentos de expulsar a profesores (digo intentos, porque al ser tan arbitrario muchos “le ganaron la pelea” en los tribunales y regresaron a la alta casa de estudios).

Así las cosas, fue elevado a la “dignidad” de ministro (casi ser elevado a los altares en Cuba), sustituyendo a José Ramón Fernández y ahí fue que “empezó la fiesta…”.

Lo primero que me consta, siendo profesor del Pedagógico “Félix Varela” de Villa Clara, fue el llamado curso de recalificación. Parecía que sobraban los maestros de la enseñanza básica (los mismos que faltaron a partir de los años del nuevo siglo XXI) y eran enviados a un curso llamado “de recalificación”, bajo la condición de que si no tenían buenos resultados, ahí mismo terminaban su carrera de magisterio. Ahí fue a parar mi profesor de Física de la secundaria, tal vez no un gran físico, pero si un excelente maestro que dominaba, al menos, el contenido que impartía y vencido “colgó los guantes”. Ahí terminaron miles de maestros que mucha falta hicieron después. Lo triste, desde mi perspectiva muy personal, es que la suerte de estos maestros ya estaba decidida cuando la recalificación comenzó.

De esa época tengo una interesante anécdota y es que este prepotente ministro dirigió un claustro, en el Varela, junto a la entonces Directora Provincial: Tomasa Romero. Se empezó a analizar una encuesta, en la que al preguntarle a los estudiantes cuáles eran sus principales inquietudes, respondieron que las condiciones de la beca, la calidad de la comida, el transporte y otras necesidades terrenales. Pues bien, Luis Ignacio montó en cólera y cuestionó que como era posible que esos estudiantes se preocupaban por las vulgares inmediateces de la vida y no por el agujero en la capa de ozono, o las guerras en el medio oriente….. Un profesor de filosofía pidió la palabra y trato de explicar que “el hombre piensa acorde a cómo vive” y que los chicos no se podían preocupar por la capa de ozono antes que de la baja calidad de los alimentos del comedor…. No cuento todas las ofensas lanzadas, por el luego defenestrado ministro, contra el docente que vivía como los estudiantes y trataba desde su propia perspectiva explicar lo que sentían. Si recuerdo haber escuchado de su boca: “…con profesores tan flojos, que podía esperarse de los alumnos…”. A este excelente profesor lo volví a ver trabajando en la Universidad de Las Villas años después.

Para no extenderme, quiero recapitular brevemente  sobre el llamado proceso de integración del MINED (Ministerio de Educación) y los Institutos Pedagógicos. Un experimento desarrollado en Villa Clara y en Camagüey (como pruebas piloto) y en el que se disolvieron completamente los equipos metodológicos municipales y provinciales, pues decían que los metodólogos estaban estancados y se habían quedado atrás. Aunque la idea no era mala en su esencia, como todo en Cuba, fue llevada al extremo y experimentados metodólogos fueron enviados de regreso a las escuelas y entonces jóvenes ingenieros como yo (al menos en la educación técnica-profesional) técnicamente preparados, pero que nada sabíamos de Pedagogía o Metodología de la Enseñanza, fuimos llevados a visitar clases e inspeccionar a experimentados profesores de las escuelas politécnicas. Muchas veces me sentí ridículo en esta condición de metodólogo “de mentiritas”, pero era lo establecido y a cuanta reunión íbamos, los dirigentes ponderaban lo beneficioso de este nuevo sistema.

En esta época los profesores del pedagógico, los que eran maestros de carrera, se cuestionaban la causa de que el ministerio de educación, nunca hubiera estado dirigido por un verdadero pedagogo, a pesar de la rica tradición pedagógica de Cuba. También cuestionaban los preuniversitarios en el campo, preguntándose cómo lograr bachilleres con una cultura universal adecuada, en medio de los campos de Motembo o el Yabú. Una respetada profesora de Literatura y Español decía que el Bachiller había que formarlo en una institución situada (al menos en nuestra ciudad) justo en el área del parque “Leoncio Vidal” de Santa Clara, con la biblioteca Martí a un costado y el Museo de Artes Decorativas al frente, que de otro modo, nunca formaríamos un verdadero bachiller.

Ya mas reciente llegarían las transformaciones en la secundaria y el preuniversitario y ahí “llego y paró”. No conocí a nadie que haya tenido hijos en la secundaria y que haya tenido buena opinión de ese modelo de enseñanza. Llegaron los PGI (profesores generales integrales), que si se hubieran formado con cuidado, perfectamente habrían dominado un área del conocimiento que incluyera varias ciencias, pero que “madurados con carburo” lo que hicieron fue y perdonen la frase, porque no creo que haya sido la intención de estos chicos “sacar guev… y no aprender a capar”; sin base alguna metodológica o científica, se convirtieron en operadores de video casetes.

Se olvidó entonces la atención diferenciada a los estudiantes partiendo del diagnóstico del grupo. No porque no se pudiera hacer bajo este modelo, sino porque los chicos no estaban preparados para esto. Fueron lanzados al ruedo, como en la heroica campaña de alfabetización, pero no a enseñar a pronunciar las letras de un nombre, sino a tratar de explicar: la evolución de las especies, los fundamentos del movimiento de los cuerpos a la luz de la mecánica clásica o la tabla periódica de los elementos químicos.

Igual se quiso que viejos profesores de matemáticas impartieran español o viceversa. Por suerte muchos que conozco se negaron, e hicieron acuerdos internos con las direcciones de las escuelas.

Algunos de mis amigos dicen que vamos a tener una generación perdida en la educación cubana, debido a lo nefasto de estos experimentos pedagógicos, conducidos como “carreta de bueyes”, a punta de aguijón. Yo quiero ser más optimista, pues pienso que los jóvenes están tan ávidos de aprender, que con un poco de esfuerzo llenan las lagunas de una deficiente instrucción.

No hablemos del éxodo de los maestros ante la falta de reconocimiento de su labor por parte del estado. No hablemos de la desmotivación y el hastío. No hablemos de haber quitado al maestro como figura central, esencial, imprescindible y protagonista del sistema de enseñanza, pues esos temas han sido muchas veces tocados. Solo quisiera tener a mano sobre esto, las palabras de Graciela Pogolotti en su intervención en el último congreso de la UNEAC, ese día sentí que los maestros eran reivindicados públicamente.

Un día, porque siempre hay un día, nos enteramos que sobre Luis Ignacio caía la ira de Zeus. Que el ministro había congestionado a su antojo los cielos y que se había achacado públicamente ¿éxitos?, que “no le correspondían”.

Siempre me quedó la duda: ¿quién aprueba las salidas de un ministro al extranjero, tal que 70 viajes pasen inadvertidos? ¿es tan escandaloso 70 viajes en tantos años? Yo conozco profesores de la UCLV que han viajado, en ese mismo período de tiempo, más que Luis Ignacio. Por supuesto y de algún modo rectifico, 70 viajes son escandalosos, en extremo escandalosos para nosotros, simples mortales que no podemos dar ni un solo viajecito.

Pero la pregunta más importante es, en mi opinión: ¿Quién, tras bambalinas, movía los hilos de Luis Ignacio en cada una de estas, para mí, desacertadas decisiones? Esa respuesta, en Cuba, la sabe hasta el “bobo de Abela”. Era Fidel, esta vez disfrazado de titiritero y de algún modo, en la columna que escribió explicando la defenestración de Luis Ignacio, reclamó para sí la gloria de los ¿éxitos? obtenidos.

En todos estos años nadie escuchó a los verdaderos protagonistas de esta obra, a los maestros, a los alumnos, a los padres. Sus opiniones nunca fueron tenidas en cuenta, al menos si era contraria a los designios de los ilustres dirigentes. Todos tuvimos que observar a nuestros hijos dormirse sin remedio, en sus aulas de secundaria básica, ante horas y horas de tele clases.

Por último, ya el MINED cubano tiene ministro del mundo del magisterio, pero en la concreta no acabo de ver verdaderas transformaciones que revolucionen el sistema de educación. Aunque le doy 5 puntos a la decisión de que nuevamente haya pre universitarios en las ciudades y que esa sea una opción para que las personas decidan, acorde a sus condiciones, donde mandar a sus hijos.

Ah, y para los que van a decir ahora que la instrucción en Cuba es mejor que la de Latinoamérica e incluso de algunos países desarrollados. Pues estoy en parte de acuerdo, pero saben algo, hubiera podido ser mucho mejor, más formadora de valores, más universal, si los protagonistas hubieran podido expresar con honestidad sus pareceres y hubieran sido escuchados por los “burócratas viajeros” o los titiriteros improvisados.